sábado, 9 de diciembre de 2017

La humanidad de Dios ante el dolor

La humanidad de Dios ante el dolor


Eduardo de la Serna



Como es obvio, al hablar de Dios, la Biblia lo “imagina” como muy parecido a los humanos. Es un Dios que siente, que se enoja, se calma, tiene ojos y manos, y sobre todo, un Dios que ama.

Acordando con Pascal que hay una enorme diferencia entre el Dios de los filósofos y “el Dios de Abraham, Isaac y Jacob” y más aún con el Dios de Jesús, es notable la dificultad que han tenido muchos teólogos (o quizás más filósofos, aunque no lo sepan) para teologizar el amor de Dios. Pero el Dios de la Biblia es tan distinto que hasta se permite afirmar – en una de las escasas “definiciones” – que “Dios es amor” (1 Juan 4,8). Sin duda, decir esto implica un Dios que “no puede” estar solo: el amor supone siempre un/a otro/a. Y no debe entenderse esto como una referencia intratrinitaria (tema que la carta de Juan no manifiesta conocer). El amor de Dios es a sus “amigos”. La fidelidad / lealtad de Dios es también un tema frecuente en la Biblia (Deuteronomio 7,9), es fiel y “llama a la comunión con su Hijo” (1 Corintios 1,9). Dios ama y es fiel.

Pero ese Dios “de amor y fidelidad” (así se lo menciona 17 veces en los Salmos) no es un ser “paternalista” o un Dios que hace todo y ante el que nos toca ser simples y pasivos espectadores del teatro de la historia. Veamos brevemente un elemento conocido:

Los sufrimientos de Israel en Egipto (sin duda un elemento programático en su constitución como pueblo) llegan a los oídos de Dios. Pero se trata de sufrimientos causados. “La esclavitud” y los malos tratos son los que provocan el “clamor” que conmueve a Dios (Éxodo 2,23-24). Pero del mismo modo, esos maltratos habían conmovido antes a Moisés que viendo a un egipcio que golpeaba a un hermano salió en su defensa matando al agresor (Éxodo 2,11-12). Cuando Dios se conmueve ante el dolor de sus amigos actúa “suscitando”, en este caso a uno que “siente-como-siente-Dios”. El verbo “suscitar” tiene casi exclusivamente a Dios como sujeto (qwm, en hifil, es decir “causal”, Dios levanta). Se traduce al griego por “anístemi”: Dios levanta a alguien con un fin específico en favor de su pueblo. Es cierto que no siempre el “levantado” es alguien sensible como era el caso de Moisés. El rey Ciro – por ejemplo – fue “tomado” para ser instrumento liberador de Dios ante la opresión babilónica, es reflejo del ejército divino que es “suscitado” en favor de Israel (Isaías 45,1.13).

Esto permite dar un paso más: ante el dolor de sus amigos, Dios interviene; pero no lo hace enviando rayos del cielo – ese es Zeus, no Yahvé – sino “suscitando”. Moviendo y con-moviendo.

El Dios de la Biblia tiene “entrañas” y se conmueve, siente como sienten sus amigos y su dolor no lo deja tranquilo (ya desde el “clamor” de la sangre [“sangres” en hebreo] de Abel, Génesis 4,10). Actúa. Pero ante el dolor “del/los otro/s”, Dios no obra “milagros a la carta”. Quizás el Dios de los filósofos sea “ilimitado”, pero el Dios amor tiene límites. “El otro” lo limita. Dios “no puede” entrar en el límite que el otro pueda ponerle. Entra sólo donde se le permite la entrada (“si alguno me abre, entraré y cenaremos juntos” dice “el Testigo fiel y veraz” en Apocalipsis 3,20). El Dios limitado se encuentra frente a los otros, las víctimas y los victimarios, los sufrientes y los indiferentes, y “no puede” actuar ante eso, pero sí puede “suscitar”, puede “levantar” a quienes actúen ante el dolor y busquen combatir sus causas. Pero no es sensato que “el / la doliente” pretenda tener el monopolio exclusivo del dolor.

Job se enfrenta a un sufrimiento incomprensible. Su teología no le da respuestas ante su situación. Pero sí puede descubrir que no es el único caso de un inocente que sufre. La situación de los pobres, por ejemplo, le permite ver que hay muchos otros sufrientes, y por sufrimientos causados por quienes “corren los mojones” (24,2). Así podrá ir descubriendo un Dios muy distinto a aquel que la “teología tradicional” ha presentado.

Ante el dolor, entonces, Dios parece invitarnos a “levantar” la mirada y ver otros sufrientes hermanos. Y saber que esa “invitación” de Dios no ha de ser asumir un rol de espectador expectante que aguarda un Júpiter tonante sino la de un Dios-amor que pretende invitarnos a salir hacia otros dolores, otros hermanos. Los límites de Dios son los seres humanos, porque “humano” lo imaginamos. Pero no ha de ser una suerte de “mal de muchos, consuelo de tontos” sino un compromiso militante ante otros dolores, el que – a su vez – nos permite saber de qué lado se encuentra el Dios que ama. El Dios limitado no puede actuar ante el dolor, pero puede iluminar, inspirar, suscitar hermanos/as que caminen juntos/as contribuyendo a aliviar dolores, abrazar dolientes y sentir toda la fuerza de un Dios que levanta a los caídos para que puestos de pie caminen como pueblo de hermanos. Los que – como Dios – tienen entrañas de compasión y misericordia entenderán que entre Júpiter y el Padre de Jesús hay un abismo, y que nada nos asemeja más a éste que un amor que sale al encuentro del dolor y los dolientes.


Dibujo tomado de Jae Santa Fe


jueves, 7 de diciembre de 2017

El revanchismo y la arbitrariedad generan violencia

El revanchismo y la arbitrariedad generan violencia

Curas opp


La arbitrariedad cada vez más manifiesta de ciertos sectores del poder judicial, en transparente coordinación con el poder ejecutivo y el poder mediático está llegando a extremos insostenibles.

Más que una búsqueda –deseada- de justicia, creemos que se trata de una escalada de revanchismo, desprecio, y odio de clase que es muy peligrosa.

Nadie debe estar exento de la justicia (tampoco los actuales funcionarios de los tres poderes de la república) pero no es posible que se salten todos los pasos procesales, que se aceleren causas, se cajoneen otras y se detenga por delitos inexistentes a ex funcionarios. Peligrosamente se están salteando los derechos y garantías constitucionales y se hace caso omiso de los reclamos de los organismos de derechos humanos y del derecho internacional.

Vislumbramos que esto puede generar una peligrosa escalada de violencia y como grupo de Curas en la Opción por los Pobres responsabilizamos a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y al Presidente de la Nación por todas las víctimas que este modelo – su modelo – está generando y – todo lo indica – tememos que finalmente generará.

El estado tiene todos los medios y herramientas para ser artesano de la paz. No lo está siendo. Y ya demasiada sangre ha corrido por los suelos de la Patria.

Hacemos nuestro el pedido extremo del Beato Oscar Romero: “En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hacia el cielo, les pedimos, les rogamos, les ordenamos en nombre de Dios, ¡Cesen la represión!

Justicia perseguimos. Para alcanzar la paz. Para tener una patria donde quepan todas y todos,.

Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
7 de diciembre de 2017


Dibujo tomado de Aberriberri bloga

martes, 5 de diciembre de 2017

Comentario Inmaculada Concepción

Madre nuestra, ruega por nosotros
LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARIA
Solemnidad
                                                                                                                                       Eduardo de la Serna


 
La fiesta de la Inmaculada Concepción refleja una larga tradición eclesial luego establecida litúrgica y teológicamente en la Iglesia. De este dogma no habla la Biblia, obviamente, y las lecturas “ilustran” el misterio. Por eso los comentarios solamente “acompañan” el día litúrgico sin ahondar detenidamente en los textos.

Lectura del libro del Génesis     3, 9-15.20

Resumen: el texto del varón y la mujer en el jardín, y la sentencia posterior que “marca” a toda la especie humana destaca la rivalidad perpetua entre la serpiente y la descendencia de la mujer. La relectura mariana del texto a partir de la traducción latina explica su introducción en la liturgia de hoy.

El texto del varón y la mujer en el jardín se presenta con un esquema judicial: hecho en el que se viola un mandato (3,1-7), interrogatorio (3,8-13) y sentencia (3,14-19). El mandato está presentado como tantos mandamientos: “no comerás” (2,17). La violación del mandato presenta los personajes: serpiente, mujer, varón) y el interrogatorio se desarrolla de modo inverso (varón, mujer y alusión a la serpiente). La sentencia nuevamente invierte los personajes: serpiente, mujer, varón. Como es habitual en los interrogatorios, cada uno responsabiliza al siguiente: el varón a la mujer, la mujer a la serpiente. 

La sentencia, presenta los elementos negativos de la vida cotidiana vistos ahora como una suerte de pena por el mandato violado: la serpiente resulta peligrosa para la especie humana, el dolor del parto, el dominio del varón sobre la mujer, el trabajo arduo y muchas veces infructuoso del campesino… [Desde una mirada de género resulta evidente que el dominio del varón sobre la mujer es algo negativo y perverso que el autor ve en su tiempo presente y tiene claro que no es eso lo que forma parte del plan de Dios para los seres humanos].

El motivo de la elección del texto para la liturgia de hoy está dado fundamentalmente por el v.15, en el texto hebreo se destaca que “el linaje de la mujer”, es decir, la humanidad, estará en constante enemistad con las serpientes. Es evidente el peligro que este animal representa para el campesino y el conflicto entre ambos. Sin embargo, la traducción latina de la Vulgata no señala la enemistad entre “él” (= el linaje) sino “ella”, es decir, la mujer. La gran cantidad de imágenes marianas en la que se ve a María pisando la cabeza de una serpiente manifiestan claramente la eficacia de esta relectura.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso     1, 3-6. 11-12

Resumen: Un himno de los cristianos venidos del judaísmo canta la realización de todas las bendiciones prometidas a Israel alcanzadas en Cristo. Pero estas bendiciones la Iglesia las ha visto también realizadas en la Madre de Jesús desde el momento de su concepción.


El discípulo de Pablo que escribe Efesios parece citar un himno litúrgico cantando la realización de las promesas de Israel (1,3-12, dirigida a “nosotros”), ampliadas ahora también a los no judíos (3,13-14, dirigida a “ustedes”). Muchas características de Israel se celebran realizadas: “bendición”, “elegido para ser santos”, “ser sus hijos”, “redención”, “conocimiento del misterio”, “herencia”, que han alcanzado su plenitud y realización en Cristo. Israel sabía que era pueblo elegido, santo, hijo de Dios… y los cristianos provenientes del judaísmo proclaman que eso se ha realizado perfectamente en Cristo. Y además, que se ha hecho extensivo a los paganos a partir de que se le ha predicado el Evangelio y han creído en él (v.13). 

Sin embargo, muchos de estos temas, particularmente la elección antes de la creación del mundo (v.4) parecen haber influido en que el texto fuera incorporado en la liturgia de hoy. María es elegida desde su misma concepción para ser la madre del Hijo de Dios, “santa e inmaculada” (v.4), “elegida de antemano” (vv.5.11).


+ Evangelio según san Lucas     1, 26-38

Resumen: En un esquema de “encargo de misión” un enviado de Dios se dirige a María para anunciarle el nacimiento y la misión del hijo por venir. Llena del espíritu de Dios –algo habitual ante un encargo divino- María acepta la propuesta del ángel. Esta aceptación es la que da razón a la elección eterna manifestada en su concepción inmaculada.


Lucas pone en paralelo –como es habitual en él- dos anuncios angélicos en los que resaltará la misión que Dios ha previsto a los hijos que ambos engendrarán. El esquema es semejante a los “encargos de misión difícil”, como el que recibirá Jeremías, por ejemplo (Jer 1,4-10). Sin embargo, lo que ocurrirá entre ambos es notablemente diferente: Zacarías e Isabel se asemejan a los grandes personajes del A.T. en los que a pesar de ser justos, la mujer ya anciana no ha tenido hijos, a la espera de una intervención decisiva de Dios. Lo que ocurrirá en María es abismalmente diferente, no solamente porque se trata de una joven, y en una situación totalmente novedosa, sino que ambos hijos también lo serán. Isabel llamará a María “la madre de mi Señor” luego que el niño que lleva en su seno se llene de alegría brincando (1,41-44). 

Sin duda, de todos modos, la lectura alude a la inesperada maternidad virginal de María y la misión de su hijo como hijo de Dios, no a lo que podemos llamar la infancia de María o su misma gestación, algo de lo que escribirán algunos evangelios apócrifos. Sin dudas, el “sí de María” es la razón por la que Dios la ha escogido desde siempre, y es este “sí” el que hoy propone la liturgia. Para este sí es que la madre de Jesús es llamada “llena de gracia” (kéjaritômenê, el término se encuentra también en el himno de Efesios que acabamos de comentar, v.6: «para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració [ejarítôsen] en el Amado» [Ef 1,6]).

Siguiendo el esquema habitual: intervención divina – saludo – “no temas” – encargo de misión difícil – duda – signo hay algunos elementos que son propios de este texto y se deberán comentar en otra ocasión. El acento principal en este texto elegido para esta celebración está dado en la aceptación de María a la maternidad que se le anuncia.



Adviento 2B

Juan, el preparador de caminos
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO – "B"

Eduardo de la Serna



Lectura del libro de Isaías     40, 1-5. 9-11

Resumen: Un discípulo de Isaías comienza una serie de poemas invitando a Israel, tanto en el exilio como en la tierra de Judá a escuchar la palabra de Dios y reconocer en ella la intervención del Dios de la alianza en la historia.


El así llamado “segundo Isaías” (aunque hoy muchos piensen más bien en una colección de poemas de varios autores) comienza su mensaje de “buenas noticias” para el grupo del pueblo angustiado en el exilio babilónico. En el comienzo (40,1-11) habla Dios, habla “una voz”, luego “otra voz” y finalmente alguien se dirige a Jerusalén / Sión para que ella hable. En el cuerpo del libro parece que el que habla es Isaías, pero en el contexto de 40-55 (“deutero-Isaías”) logra que el texto quede abierto a los lectores.

El autor le habla a un grupo (“ustedes”) de parte de “su Dios”, y lo que dice es dirigido a “mi pueblo”. La fórmula de la alianza se re-fortalece, especialmente en momentos en que parece que Dios la ha olvidado, o roto a causa del pecado del pueblo. La fórmula “su Dios” vuelve a repetirse en v.9; “mi pueblo – su Dios” es fórmula de la alianza, y Dios la reafirma. En ese contexto, el “consuelo” doblemente anunciado es “de parte de Dios”, a causa de su intervención liberadora (vv.2.5.11). Pero los cautivos están en Babilonia, y también quiere dirigirse a Jerusalén (v.2) hacia donde se dirigirán los cautivos al regresar. El pretérito (de destrucción de Jerusalén y cautiverio de los exiliados), es tiempo pasado y se invita a mirar al futuro. Se debe hablar “al corazón” para buscar convencer a la ciudad. Lo que se ha de hablar se enuncia con un triple “que” el cual alude a la liberación (cumplida la milicia / pagada la injusticia / recibido de Yahvé).

Lo que la voz ha de gritar alude al “camino”. El regreso por los 1000 kms de desierto, atravesando los montes y valles de Siria, es aludido de modo simbólico ya que el camino no es “del pueblo” sino de “nuestro Dios” (v.3). Esta manifestación de Dios en valles y montes, rocas y lo escabroso, manifestará a todos que Yahvé ha hablado” (v.5). Esta suerte de intervención divina sobre la naturaleza permitiendo al “pueblo” (en realidad a la elite) regresar del cautiverio es releída como una suerte de “nuevo éxodo”; así como Dios liberó del faraón, liberará de los babilonios; como abrió el mar, abajará las montañas. La hierba y la flor que se marchita parecen aludir claramente a la potencia babilónica a la que se define como perecedera. Lo único duradero y permanente, a pesar de todo, es el Dios de la alianza.

Una y otra vez se invita a un redactor a gritar y hablar (vv.3.5.6.8.9 destaca claramente la importancia y fuerza de la palabra, algo que los babilonios afirman como constitutivo del poder de Marduc, su dios supremo).

De golpe entra en escena un personaje femenino (hay quienes han pensado – y no habría que descartarlo – en que uno de los profetas que conforman el grupo de “deutero-Isaías” sería una mujer) que es llamado Sión / Jerusalén, calificada de “mensajera”. Debe gritar y, además, buscar una altura para ser escuchada por todas las ciudades de Judá. Este grito tiene un triple “he aquí” que destaca el anuncio (su Dios / el señor Yahvé / su salario y paga). Nuevamente el “su Dios” remite a la alianza (v.1) repetida en voz alta a todas las ciudades; esta venida es con “poder” lo que refuerza la “gloria”. Esta imagen viene acompañada de la imagen del pastor (v.11) de quien se destacan los gestos de cariño. La imagen de la fragilidad de corderitos y paridas sin duda se dirige metafóricamente a los que regresan heridos del cautiverio babilónico.

La centralidad en el tema de la palabra (que será más claramente especificada a lo largo del libro de 40-55) es importante, y lo será particularmente en la relectura de la que se apropia el Evangelio del día [ver comentario].



Lectura de la segunda carta de san Pedro     3, 8-14

Resumen: algunos se han introducido en la comunidad cuestionando la confiabilidad del Señor y su palabra ya que no ha venido, como había dicho. El autor destaca que la medida del tiempo de Dios es muy diferente de la humana, y que la demora no está causada por su falsía sino por su compasión.


El contexto literario de la llamada “segunda carta de Pedro” revela que se han introducido en la comunidad “falsos maestros” (algo propio del cristianismo de fines de la segunda generación y la tercera; algo que puede fecharse cerca del año 100 en adelante). Una de las cosas que estos “falsos maestros” intentan introducir en la comunidad es la negación de la “venida” de Jesús ya que nada ha cambiado y ya han muerto “los padres” (= los discípulos directos de Jesús).


… dirán en son de burla: «¿Dónde queda la promesa de su Venida? Pues desde que murieron los Padres, todo sigue como al principio de la creación». (3:4)

 
A diferencia de ellos que “ignoran” (v.5) el autor afirma que sus destinatarios “no deben ignorar” (v.8, lanthanô) y hace una referencia “distorsionada” del Salmo 90:

"Porque mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche". (90:4); a eso alude el apócrifo de los Jubileos refiriendo a la muerte de Adán, poco antes de cumplir los mil años: “faltándole setenta años para los mil, pues mil años son como un día en la revelación celestial” (Jub 4,30). Probablemente se haya releído en el sentido de referir a lo efímero de la vida humana ante Dios y a la incapacidad humana de “medir” los tiempos. Pero resaltando a Dios como “señor del tiempo”. En este caso, el tema no está en la demora sino en la paciencia de Dios que espera (cf. Num 14,18; Sal 86,15; Jl 2,13; Jon 4,2; Mt 18,26.29; Rom 2,4; 9,22; 1 Pe 3,20):


Y será que, después de los siete días, el mundo que aún no está vigilante, será despertado y morirá el mundo corrupto. Entonces la tierra restituirá a los que en ella dormían, el polvo a los que viven en aquel silencio y las moradas devolverán las almas que les fueron encomendadas. Y se revelará el Altísimo sobre el trono del juicio: pasará la misericordia y será apartada la longanimidad… (4Esd 7:31-33)


 La idea de “paciente con ustedes” indica una acción en favor de… Es el ofrecimiento de la salvación, para que “todos” lleguen a la conversión.

Así destaca una serie de elementos que hemos encontrado en estos días litúrgicos: “el día” del Señor, la venida imprevista “como un ladrón” (cf. 1 Tes 5,2; Mt 24,43; Lc 12,39; Ap 3,3; 16,15). La imagen del fuego como elemento que pone fin a una era es característico. Ante esta situación se dirige de un modo lógico a los destinatarios conminándolos a un modo de vida adecuado a este “día”. De este modo se destaca el contraste entre los cielos viejos y los cielos nuevos, los primeros destruidos por el fuego, los segundos que vendrán según la promesa señalada en aquel “día”; tiempos de “justicia”. Pero para esto es necesaria la esperanza ya que los tiempos de Dios son diferentes a los humanos, pero son tiempos de salvación para “todos”.

Sin embargo, hay un elemento importante: la burla sarcástica pone en duda el honor del Señor; su palabra no es confiable, los tiempos lo indican. El autor quiere “defender el honor” del Señor mostrando tanto un sentido “teológico” del tiempo, para lo que alude al Salmo 90, y a que la palabra es veraz, sólo que su consabida compasión demora la intervención con la esperanza de la conversión. La demora no es indicio de su incumplimiento sino de su compasión.


+ Evangelio según san Marcos     1, 1-8

Resumen: Marcos comienza su Evangelio. Luego del título presenta la figura del Bautista a la luz de la expectativa judía en la venida de Elías, y preparando el camino de conversión para la llegada de los tiempos esperados.


El comienzo del Evangelio de Marcos está cargado de densidad, por lo que comentar toda la unidad sería mucho más extenso de lo deseado. Veremos, entonces, sintéticamente los elementos que no destaquen la figura de Juan, el Bautista, que parece el motivo principal de su incorporación en la liturgia de Adviento para dedicar particularmente la atención a esta parte.

Marcos comienza su Evangelio con un título, el cual es programático. Nos indica que Jesús mismo es “buena noticia” (= evangelio) ya que es “mesías” (= Cristo) e “hijo de Dios”. Esto es algo que desarrollará en toda su obra que está marcada por estas dos confesiones de fe. Pedro reconoce a Jesús como “el Cristo” (8,29) y un centurión afirma, ante el Crucificado, que verdaderamente era “el hijo de Dios” (15,39). Así, toda la primera parte del Evangelio se dirige al reconocimiento de Jesús como mesías, pero toda la segunda parte pretende mostrar a los lectores “qué tipo de mesías” es Jesús: uno crucificado.

Luego de esta presentación el texto comienza aludiendo al profeta Isaías. Sin embargo, hay que destacar que (1) la primera parte de la cita no pertenece a Isaías; (2) Marcos – como también se hace en Qumrán, por ejemplo – relee el texto de Isaías, como veremos.

La frase “envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar el camino” (v.2) pertenece, en realidad a Malaquías. Éste profeta quiere destacar que ante la venida futura del “día de Yahvé”, en la que Dios descargará su castigo sobre el pueblo pecador, antes dará a su pueblo una última ocasión de arrepentimiento y conversión. Pero este “mensajero” no es cualquiera, se trata del mismísimo Elías:


«1 He aquí que yo envío a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien ustedes buscan (…) 2 ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque es él como fuego de fundidor y como lejía de lavandero. 3 Se sentará para fundir y purgar. Purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata; y serán para Yahveh los que presentan la oblación en justicia. (…) 9 De maldición están malditos, porque me defraudan a mí ustedes, la nación entera. 10 Lleven el diezmo íntegro a la casa del tesoro, para que haya alimento en mi Casa; y pónganme así a prueba, dice Yahve Sebaot, a ver si no les abro las esclusas del cielo y no vacío sobre ustedes la bendición hasta que ya no quede (…) 14 Han dicho: Cosa vana es servir a Dios; ¿qué ganamos con guardar su mandamiento o con andar en duelo ante Yahveh Sebaot? (…) 16 Entonces los que temen a Yahveh se hablaron unos a otros. Y puso atención Yahveh y oyó; y se escribió ante él un libro memorial en favor de los que temen a Yahveh y piensan en su Nombre. (…) 19 Pues he aquí que viene el Día, abrasador como un horno; todos los arrogantes y los que cometen impiedad serán como paja; y los consumirá el Día que viene, dice Yahveh Sebaot, hasta no dejarles raíz ni rama. (…) 22 Acuérdense de la Ley de Moisés, mi siervo, a quien yo prescribí en el Horeb preceptos y normas para todo Israel. 23 He aquí que yo les envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible. 24 El hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que venga yo a herir la tierra de anatema. (Mal 3,1-24)


La expectativa en la venida de Elías era algo común en muchos grupos judíos (con diferentes características entre uno y otros). En este caso, Elías vendrá a preparar el “camino” antes que Dios descargue su ira en su “día”. 

Es a continuación (v.3) que se encuentra el texto de Isaías [ver la primera lectura], pero mientras en Isaías el “desierto” era tema de la predicación, como una suerte de nuevo éxodo, el texto según la biblia griega destaca el “camino” como tema de la predicación la cual se realiza “en el desierto”. El “camino”, entonces, alude a la vida de los destinatarios de la predicación de Juan, y es este “camino” el que debe ser enderezado y preparado a fin de ser “camino del Señor”. 

Dicho esto, mostrando el cumplimiento de las escrituras, pasa a presentar la persona de Juan. Se señala que bautiza y proclama conversión “en el desierto” conforme había sido dicho. Habitantes de “toda” Judea y Jerusalén eran bautizados confesando su pecado. Para presentar más claramente a este personaje, alude a su vestimenta y su dieta. La dieta es propia del desierto (langostas y miel silvestre, que son – obviamente – alimentos puros; cf. Lev 11,21-22) y sin duda remarca el ascetismo de Juan. La vestidura, en cambio, es notable, manto de pelo y cinturón de cuero: es la misma que llevaba Elías (cf. 2 Re 1,8; cf. Zac 13,4) con lo que Marcos insiste en el rol de Juan como el profeta esperado. Las referencias a los caminos y sendas que han de ser preparados y enderezados (v.3), el bautismo de conversión y perdón de los pecados (v.4), que los habitantes “confesaban sus pecados” (v.5) marca la preparación a la llegada de aquel que “viene detrás de mí” (v.7).

Sin embargo, Juan, que “predica un bautismo” (v.4), afirma que éste es más débil que el bautismo que se avecina (v.8), este es con agua, aquel será con Espíritu Santo. Esta debilidad de Juan queda resaltada en la comparación con el sirviente que en la casa desata las correas de las sandalias al señor que viene (v.7).

Pequeñas notas históricas: la figura de Juan y su predicación están debidamente atestiguadas en las fuentes históricas. Los grupos bautistas fueron algo habitual, y no parece que haya que relacionarlos necesariamente con Qumrán. El cristianismo, con el tiempo, parece haberse “molestado” con el hecho de que Jesús fuera bautizado; no solamente porque Jesús es tenido como “superior” a Juan, sino porque además, es “sin pecado”. Así, los diferentes evangelistas, crecientemente, intentan explicar este hecho. En ese sentido ha de entenderse la referencia a que Jesús es “más fuerte” y que su bautismo es superior (vv.7.8).


Foto tomada de vdjgr.blogspot.com

martes, 28 de noviembre de 2017

Adviento 1B

Jesús nos invita a estar atentos. 

¡La comunidad cuenta con nosotros!

DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO – “B”

Eduardo de la Serna



Lectura del libro de Isaías     63, 16b-17. 19b; 64, 2-7

Resumen: La experiencia contemporánea del profeta es que Dios ya no parece ocuparse de su pueblo; no hace ya lo que antes hacía, ¿qué hubiera pasado si lo hubiera hecho? Lo cierto es que no se pierde la esperanza en que lo haga en adelante.


El pueblo de Israel (= Judá) puede reunirse. Los que están en el exilio tienen libertad para regresar (aunque no todos eligen hacerlo dando conformación a la “diáspora”). Pero aunque pueden estar en la tierra, la independencia no existe ya que dependen de los persas como vasallos. ¿Y Dios? Pareciera ausente, a diferencia de aquellas manifestaciones que han conocido de la historia.

Yahvé es visto como “padre” en contraste con el mismísimo Abraham e Israel:

a.- tú eres nuestro padre
b.- ya que Abraham no nos conocería
b’.- e Israel no nos reconocería
a’.- tú Yahvé eres nuestro padre.
“Nuestro redentor desde siempre” es tu nombre

La referencia a Dios como “padre” (’ab) es habitual en medio oriente (como la mención de Israel como “hijo”). En Israel – aunque no abundante en la liturgia – se lo encuentra en nombres (’Abraham, ’Abimelek, ’Absalom…), es “padre” a partir de la creación (Dt 32,6; Mal 2,10); Dios se apena cuando no lo reconocen como tal (Is 1,2-3; Mal 1,6); como padre le procura una tierra a su hijo (Jer 3,19).

Pero al título “padre” se le añade uno más frecuente ligado a la historia: “redentor” (frecuente en el deutero-Isaías: 41,14; 43,14; 44,6.24; 47,4; 48,17; 49,7.26; 54,5.8; cf. 60,16) y lo es “desde siempre”. Ahora bien: siendo padre y redentor la ausencia que el pueblo experimenta es particularmente fuerte.

El reclamo responsabiliza a Dios mismo (y no al propio pecado) del yerro y del “endurecimiento del corazón”: “fuera de tus caminos… lejos de tu temor”. El camino de Dios y el Temor de Dios son elementos frecuentes que indican la fidelidad. Al tener ante sí los caminos y el temor de Dios, que él mismo ha puesto, el pueblo se pregunta (¿por qué?) ha hecho lo que de hecho hace. Con esa mirada, se espera que Yahvé “regrese”, “vuelva”. La motivación de esto viene dada porque son “tus siervos” y “tu heredad”. La situación crítica puede verse en la referencia al “templo pisoteado” por los opresores. Y la referencia es a que dios no los gobierna, que “no se invoca el nombre” (lo que significa autoridad, posesión; cf. Dt 28,10; Jer 14,9).

Ahora bien, así planteado (duramente) se hace referencia al pasado. Pero el presente se transforma en desafío: “¡ojalá rasgaras los cielos y descendieras!” (v.19). El “ojalá” indica una situación no ocurrida que hubiera hecho cambiar totalmente el presente de haber sucedido.

Lo que sigue surge como un pedido de que Dios se manifieste (una teofanía): el desgarro de los cielos no es frecuente, pero sí lo es el fuego. Pero de hecho refiere al pasado, a que la teofanía no ocurrió (“¡ojalá!”) y que todo sería distinto (incluso entre adversarios y naciones) si lo hubiera hecho. El lamento se sigue profundizando. Pero Dios ni siquiera por los que practican la justicia se dejó encontrar; manifestó su enojo y “hemos pecado”. Y se comparan a sí mismos como ropa manchada por la sangre menstrual “todos nosotros”, todo queda contaminado (cf. Lev 15,19-20). La siguiente metáfora alude a las hojas marchitas de los árboles, y cómo son llevadas por el viento.

Pero todo esto, insinuado metafóricamente es expresado con claridad en v.6: nadie invoca el nombre de Yahvé, lo han dejado sólo. Nadie es capaz de aferrarse a él. Dios, entonces, se ha ocultado a la vista (cf. 53,3; 59,2), permanecen en la oscuridad. Todos están “a la deriva”. Yahvé no se ha ocupado de su pueblo. La esperanza de que lo haga está implícita.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto     1,3-9

Resumen: Pablo da gracias por cosas que destacará en el cuerpo de la carta. En ella es muy crítico frente a desvíos, superficialidades o desintereses con respecto a los hermanos. Pero los corintios pueden cambiar de vida y por ello Pablo da gracias a Dios.


Como en todos los inicios de cartas, Pablo empieza dando a sus destinatarios “gracia y paz” [ver el comentario al domingo 29, ciclo “A”]. A continuación, como en (casi) todas las cartas le sigue una “acción de gracias” que es propia en cada carta según los temas que desarrollará en ella. Muchos temas diversos son insinuados en esta acción de gracias (porque son muchos los temas que Pablo comentará en esta carta):

Señala la gracia que les fue otorgada; en la carta, no hace referencia a la gracia (jaris) dada “a los Corintios”, sino a Pablo mismo (3,10; 15,10) pero sí destacará los “dones de la gracia” (= jaris-ma) como se dirá en seguida y por eso dará “gracias” (eu-jaris-tô);

El enriquecimiento en palabra y conocimiento; en 4,8 Pablo dirige un duro comentario irónico señalándoles que “ya están saciados, ya son ricos” haciendo referencia a la actitud jactanciosa propia de muchos en la comunidad (“ya son reyes”, continúa…). La “palabra” (logos) es un término importante, ya que los corintios parecen divididos a causa de las “palabras bellas” de algunos mientras que Pablo insiste en que predica la “palabra de la cruz” (1,17.18; 2,1.4.13). Esa “jactancia” superficial de los corintios es “pura palabra” (4,19-20) y no la “fuerza” (dynamis) de Dios (1,18.24; 2,4.5). El “conocimiento” (gnôsis) es algo que ha permitido con frecuencia esta “jactancia” de los corintios (8,1) y ha permitido que algunos se desentiendan de otros que “no tienen ese conocimiento” (8,7.10.11). La “palabra de conocimiento” (logos gnôseôs) es uno de los diversos carismas que se derraman en la comunidad (12,8), pero si se tiene “todo el conocimiento” pero no se tiene amor “no soy nada” (13,2).

El testimonio de (acerca de) Cristo; el término no se encuentra en la carta más que en un contexto polémico: en 15,15, a raíz de que algunos de la comunidad niegan la resurrección, Pablo afirma que si eso es así somos “falsos testigos” de Dios al afirmar que resucitó a su Hijo.

Los carismas; es tema especialmente importante en la unidad 12-14 a raíz de que la superficialidad y jactancia de algunos los hace creerse superiores a otros por tener “carismas” más espectaculares. Los dones de la gracia son innumerables (incluso la dedicación misionera de Pablo lo es, 7,7). Pablo priorizará especialmente aquellos que sirvan para la edificación de la comunidad ya que los “carismas” no son “personales” sino que son dados por el espíritu a cada uno para el provecho de todos. Por tanto, la actitud de jactancia, o de individualismo no es aquello para lo que el espíritu los ha otorgado.

La Venida de Jesús y el Día del Señor; son temas (incluso en ese sentido parece que debe entenderse la “revelación” ya que no se trata de una revelación de un dato o el sentido de un acontecimiento sino de la “revelación de nuestro Señor Jesucristo”). Pablo está convencido que Jesús “vendrá” pronto, y esa tal venida será la manifestación (o revelación) del Día del Señor. En sus primeras cartas (como 1 Tesalonicenses y luego 1 Corintios) esa venida es tenida como muy próxima, hasta el punto que Pablo espera estar vivo (1 Tes 4,15.17; 1 Cor 15,51-52). Esta “parousía” es un término ligado al poder político (la venida de una autoridad a una ciudad, algo que se espera para que haga llegar la “gracia” del emperador; si no es el emperador mismo el que “viene”). Pablo, contraculturalmente, destaca que la “venida” que esperamos es la del “señor” (otro término utilizado con frecuencia del emperador) Jesús, que es el Cristo. Este es el “Día”, que alude al “día de Yahvé” anunciado por los profetas (Am 5,18; Joel 2,1-2; Sof 1,14-18; Mal 3,19.23), que Pablo llama “Día del Señor” (5,5; 2Cor 1,14; 1 Tes 5,2), “Día de Cristo” (Fil 1,6.10; 2,16) o simplemente “el Día” (3,13; 1 Tes 5,4). Dios los “afirmará” (mismo verbo que el utilizado para hablar de la “afirmación” del “conocimiento”) hasta el “fin” (télos) para ser “irreprensibles”.

La credibilidad de Dios; el uso del término “credibilidad” (pistós; “creíble” mejor que “fiel”) es algo que se espera de los “administradores” (4,2; Pablo, Apolo y Cefas son “administradores de los misterios de Dios”, v.1), y Pablo lo repite de sí mismo (7,25), Dios es “confiable” y no permitirá pruebas insoportables 10,13).

Para la comunión (koinônía) con su hijo. Pablo habla de esta comunión en un sentido eucarístico (10,16) resaltando que “somos uno”, especialmente a causa de los que provocan “división”, especialmente los que se creen con “conocimiento” y por ello se “jactan” provocando “escándalo” en los demás.

Como puede verse, la “acción de gracias” es provocativa en esta carta. Llama la atención, desde el inicio, contra aquellos que se desentienden de los demás, despreocupándose, creyendo que sólo es necesario creerse – y “jactarse” por ello – importantes, o autosuficientes. Pero también los corintios pueden – teniendo en cuenta a Pablo – utilizar la palabra y el conocimiento para la edificación de la comunidad; dar testimonio de Cristo; esperar atentamente el día del Señor, irreprensibles y vivir en comunión con Cristo respetando a los hermanos más débiles de la comunidad.




+ Evangelio según san Marcos.     13, 33-37

Resumen: el discurso de despedida de Jesús destaca que “volverá” en un futuro indeterminado. De allí que se destaque la importancia de la “vigilancia”, la actitud de hacer aquello que se ha encargado en favor de los demás.


El marco litúrgico del adviento sin duda destaca – en el primer domingo especialmente – el acento puesto en la venida futura de Jesús. Los siguientes domingos destacarán particularmente la venida primera preparando la Navidad, motivo por el cual los textos de Isaías, y la persona del Bautista primero, y de la Madre de Jesús luego, serán protagonistas.

El capítulo 13 del Evangelio de Marcos – llamado el discurso “escatológico”, por referir a los “últimos tiempos” – es de una gran densidad. Y, según se afirma, es muy importante para comprender el tiempo de composición y la situación de la comunidad de Marcos. De todos modos, el texto litúrgico sólo presenta la conclusión que se destaca por la invitación a “velar” (x3 en estos pocos versículos, y luego x3 en la escena del huerto, 14,34.37.38).

“Mirar” y “estar alertas” (agrypneite) es la actitud a la que se invita. Este último término sólo se lo encuentra aquí en Marcos y en su paralelo de Lucas (21,36) en todos los Evangelios. Es una actitud de cuidado y atención, ligada a la oración (Ef 6,18) y a la fidelidad (cf. Heb 13,17). Es la actitud del guardia (Sal 127,1; cf. 101,8); es la actitud atenta ante una posible llegada (Cant 5,2; cf. Pr 8,34).

El “momento” (kairós) que se ignora es precisamente el que requiere la atención vigilante. Se trata de un tiempo específico, prefijado, un tiempo que tiene una determinada característica, comparado en la metáfora (“es como…”, vv.34-36) con el tiempo en el que “llegará” el señor de la casa. El encargo del señor que se ausenta era un trabajo a “cada uno” y al portero, “velar”. Como en otros casos, no se sabe el momento de la llegada, lo cierto es que el portero debe estar “velando” (gregoréô). Esto, Jesús lo dice ahora a “todos”: ¡velen! (v.37). No interesa en este caso el trabajo que estén o no realizando los otros trabajadores sino la actitud de velar, propia del portero ya que el texto está dirigido a la “venida” del señor que ocurrirá en el “momento” fijado. Pero para estar atento a ella, la actitud del lector es “velar”. Es la actitud propia de los que deben cuidar la ciudad (Neh 7,3; 1 Mac 12,27). Pero esta actitud de vigilancia también refiere a la propia vida (Bar 2,9; Dan 9,14). En un texto que aparece como una suerte de “testamento de Pablo” según Lucas, Pablo invita a los presbíteros a “vigilar… y recordar que día y noche no cesaba de exhortarlos con lágrimas a cada uno de ustedes” (Hch 20,31). Es invitación a mantenerse “firmes en la fe” (1 Cor 16,13) ya que “no dormir” es lo propio de los que velan (1 Tes 5,6.10 [notar que el verbo “velar”, como la referencia a la “Venida” – parousía – de Jesús se encuentran en las primeras cartas de Pablo: 1 Tes y 1 Cor; luego Pablo dedicará la tensión evangelizadora y escatológica en otros aspectos, manteniendo la referencia al “día”, por ejemplo]). También en Marcos el contraste está dado por dormir – velar (v.36).


«¿Por qué duermes, alma [mía], y no alabas al Señor? Entonen un himno nuevo al Dios digno de alabanza. Canta y mantente vigilante en su servicio [lit. “vigilante en su vigilancia”], porque es bueno a Dios el himno de un buen corazón…» (Salmos de Salomón 3,1-2)


Pero la imagen de la “vigilancia” no ha de entenderse en un sentido individualista, o personal. La ciudad entera depende del “vigilante” para ser “alertada” ante la venida, amigable o enemiga y poder actuar en consecuencia. El vigilante tiene una palabra que decirle a los suyos.



domingo, 26 de noviembre de 2017

La pesada gerencia

La pesada gerencia


Eduardo de la Serna



Un gerente es un administrador. Uno de “sirve” (ministra) dentro de una institución o entidad (ad). Se trata de alguien que está al servicio de la institución en la que se encuentra. Como es evidente, hay buenos y malos administradores, eficaces o inútiles, pero la supuesta buena administración la determina el “adentro” de la institución a la que sirve.

Cuando se trata de un país, el problema viene dado cuando hay conflicto de intereses (o aparente conflicto). ¿A qué institución sirve el administrador?, ¿al país o a la que antes había administrado? (siempre suponiendo que se trata de “antes” y no que continúa en tal tarea).

Creo que ahí radica la pesada gerencia que tiene el actual gobierno. Todos los funcionarios fueron antes “gerentes” de otras empresas (insisto, si es que más de uno no lo sigue siendo de modo encubierto). Debiera suponerse que el amor a la Patria haría que ésta esté por encima de todo, pero la experiencia nos va indicando en el día a día que “la gerencia puede más”.

A esto ha de sumarse la “administración” de instancias intermedias… especialmente el poder judicial y los medios de comunicación. Si los jueces siempre fallan en favor de los poderosos, resultan buenos administradores de sus mandantes, pero inservibles si de justicia hablamos. Si los periodistas mienten siempre en favor del mismo poder económico, serán buenos servidores de los poderes fácticos, pero pésimos comunicadores de la verdad.

La “pesada gerencia”, en este caso, se trata de que – empezando por el presidente, siguiendo por sus ministros/administradores/gerentes, funcionarios públicos – ponen todo al servicio de “su adentro” que no es “nuestro adentro”.

Este gobierno comenzó – a los 4 días de asumir – con 42 gendarmes muertos que iban a reprimir a Jujuy al servicio de Gerardo Morales. La lista de presos políticos se engrosa. La muerte de víctimas de la represión también. Y la sociedad sigue aparentemente anestesiada con globos o con temores insuflados desde las usinas de concientización goebbeliana (RAM, extranjeros, inseguridad, mapuche, corte de ruta). La pesada gerencia no duda en mostrar el peso de su mano dura, su puño de acero, su discurso único. Cataratas de trolls (pagados, obviamente, a los que se suman los que en un tiempo eran llamados “idiotas útiles”) contribuyen a mostrar que “el patroncito tiene razón”.

No importa si el juez dice que Santiago no estuvo en el lugar, que la prensa adicta nos muestra un Santiago omnipresente por todo el territorio argentino menos por Cushamen, no importa si desde el primer día gendarmería tenía las fotos de Santiago corriendo pocos minutos antes de llegar al rio que lo atemorizaba. No importa si no sólo no sabe nadar y el agua estaba helada y suma 31 kilos de peso la ropa mojada, lo cierto es que “todos deben pedir perdón a Gendarmería” porque Santiago se ahogó habiéndose metido en esa agua, en esa circunstancia sin ninguna razón aparente. Lo dice el patrón.

No importa si Milagro llenó de casas e infraestructura excelentes para toda la provincia de Jujuy y extendió eso a otras regiones, es una chorra, asesina, blanqueadora de dinero (ella, no Mauricio, obvio).

No importa si miles y miles de jubilados pudieron acceder a lo que jamás hubieran podido, lo cierto es que la “pesada gerencia” les quitará unos 100.000.000.000 de pesos en el año para pagar parte de los intereses de los bonos que este gobierno ha contraído. Es que ser gerente es muy pesado.

Reconozcamos que la “pesada gerencia” ya nos está resultando demasiado pesada. Es de esperar que más temprano que tarde el pueblo diga “¡basta!”. Es de esperar que sea sin violencia ni muertos (aunque la historia nos dice que suele haberlos, y que suelen ponerlos los pobres). Y es de esperar que la “pesada herencia del macrismo” un día quede en el olvido, el poder judicial actúe “en justicia” y la prensa “en verdad”. Es de esperar, y la esperanza es lo último que se pierde.


Foto tomada de Depositphotos


martes, 21 de noviembre de 2017

Domingo 34A - Cristo Rey


Un rey identificado con los insignificantes de la tierra

DOMINGO TRIGESIMOCUARTO - "A"
SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY

Eduardo de la Serna



Lectura de la profecía de Ezequiel     34, 11-12. 15-17

Resumen: Ante el abuso de los malos pastores, Dios mismo se ocupará de su pueblo, procurando el bienestar de los débiles y sancionando duramente a los que ejercen poder.


La lectura de Ezequiel es escogida por su referencia al “pastor”, imagen que en la Biblia (y en el ambiente oriental) es utilizada para aludir a aquel que tiene una responsabilidad de “conducción” (Jer 10,21; 23,1-4). 

El texto del capítulo alude a los pastores en tres partes: vv.1-10 presenta la imagen del pastor, en vv.11-15 se explica mostrando que Dios rechaza a los mercenarios que no cumplen con su responsabilidad como pastores, y no se ocupan de las ovejas. Dios mismo ocupará ese sitio. A partir del final del v.15 se destaca la distinción entre “oveja y oveja” Los jefes del pueblo (ya no pastores, porque es Dios, sino “carneros” y “machos cabríos”) dificultan la vida del pueblo y el pastor tomará posición en favor de la débil.

A partir del v.23 se hace referencia a un “buen pastor” a semejanza de David. El texto no está incluido en el párrafo litúrgico.

Como pastor, Dios se preocupará de sus ovejas (cosa que no han hecho los jefes del pueblo), se preocupa de su alimento y su reposo (Sal 23; 74,1-2). El juicio, entonces, entre “oveja y oveja” (o carneros y machos cabríos) se refiere a las autoridades, su abuso de poder contra los pobres, su acaparamiento de pastos y agua perjudicando el de los débiles (vv.18-19), es entre “oveja gorda” y “oveja flaca”. Eso es “pastorear con justicia” (v.16).



Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     15, 20-26. 28

Resumen: La resurrección de Cristo da comienzo a una novedad que llegará a su fin en el momento en que todos resuciten. Las autoridades han matado a Jesús, y esas fuerzas del mal han de ser vencidas preparándose así el triunfo definitivo sobre la muerte en la resurrección. Así Dios recibirá el reino de manos de su hijo.


La primera parte de este texto (15,20-23) fue leída en la fiesta de los fieles difuntos… Repetimos lo allí dicho y añadimos comentario a los párrafos no incluidos (vv.24-26 y v.28).

Pablo dedica un extenso capítulo a hablar sobre la resurrección. El motivo de la extensión está causado porque algunos de la comunidad niegan que esta exista. Es posible que la influencia del helenismo para el cual “el cuerpo es cárcel del alma” motivara la incredulidad; no tiene sentido – afirmarían – que si el alma logra liberarse de su cárcel en la muerte, vuelva más tarde a encarcelarse. Sea esta o no la razón de la negación, lo cierto es que Pablo dedica mucha energía a afirmarla. Comienza destacando la centralidad de la resurrección de Cristo para la fe (vv.1-11) para lo que recurre a la predicación primitiva que él mismo ha recibido y predicado. El acento probatorio está dado por la gran cantidad de beneficiarios de apariciones del resucitado comenzando por el primero: Cefas (= Pedro) y finalizando por “el último”, el mismo Pablo. Luego destacará – y a esta sub-unidad pertenece el texto litúrgico del día – la relación entre la resurrección de Cristo y la de sus seguidores (vv.12-34). A continuación esbozará un intento de responder al “cómo” de la resurrección, ¿con qué cuerpo? (vv.35-53) para concluir con un himno a la victoria de Dios (vv.54-57) con una conclusión (“hermanos”, v.58).

Una breve nota sobre la ausencia de mujeres en la lista de beneficiarios de una aparición del resucitado: es sabido, por los relatos evangélicos, que algunas mujeres fueron testigas de la resurrección: los nombres y número varían según los evangelistas: no hay apariciones del resucitado en Marcos, “María Magdalena y la otra María” en Mateo (28,1.9), no se las menciona en Lucas (salvo que sea mujer – como es posible – el/la peregrino/a de Emaús no mencionado (24,18), a María Magdalena en el añadido al final de Marcos (16,9) y en Juan (20,11). Sin embargo ha de señalarse que Pablo está transmitiendo “lo que recibió” (15,3). Es posible que – dada la no credibilidad de las mujeres (Mc 16,11; Lc 24,22-24) – al predicar y mencionar a los testigos de la resurrección sólo se aludiera a los varones, y esto es lo que Pablo conoce. De hecho, para Pablo, un “apóstol” es todo aquel que ha visto al resucitado (1 Cor 9,1) y en Rom 16,7 hace referencia a una “apóstola” señalando que ella, Junia y Andrónico “llegaron a Cristo antes que él”. 

Como judío fariseo que es, Pablo cree que en “el día del Señor” comenzarán las resurrecciones (Dn 12,2), y como seguidor de Jesús cree que ese “día” ha comenzado con la resurrección de Jesús. Han llegado los últimos tiempos. Jesús ha resucitado y con su resurrección comienza la serie de resurrecciones que está “al llegar” en su “venida” (especialmente inminente – para Pablo – en sus primeros escritos como 1 Tesalonicenses y 1 Corintios, cf. 15,51-52). La resurrección de Cristo no es aislada, sino “primicia” de las demás (vv.20.23 [formando una inclusión semítica en esta parte]). Por eso, para él, negar “las” resurrecciones” implica negar “la” resurrección primera. 

Los vv.21-22 preparan un tema que luego desarrollará extensamente en otra carta: la relación de tipo y anti-tipo entre Cristo y Adán (cf. Rom 5,12-21). Con Adán se desata para la humanidad “la muerte”, “todos mueren”; por el “nuevo Adán” (Pablo dice “último Adán”, cf. 1 Cor 15,45) se desencadena el proceso de resurrecciones. 

El tema comienza con una afirmación tajante que contrasta con las suposiciones (“si no hubiera…”, vv.12.29): “¡pero no! ¡Cristo resucitó!” La referencia a las primicias (cf. Lev 23,9-14) alude a la consagración, tema aquí ausente. La imagen aquí es temporal y es metáfora que refiere a la precedencia, como la prenda de herencia (cf. 2 Cor 1,22; 5,5), o el “primogénito” (cf. Rom 8,29). La referencia a los frutos prepara el tema del “cuerpo” nuevo que desarrollará en vv.35-49. 

Adán fue “primicias” de la humanidad. 

Porque por un hombre la muerte
         y por un hombre la resurrección de los muertos (v.21)
Porque como en Adán todos mueren
                         Así  en Cristo todos revivirán (v.22)

Es interesante el paralelo (que Pablo no llama aquí “tipo”, cosa que sí hace en Rom 5, en un texto mucho más desarrollado, cf. 5,14), en realidad – además de que Romanos es más tardía – no es el tema del pecado y la desobediencia lo que le interesa aquí a Pablo sino el de la muerte y la resurrección. Hay una solidaridad inter-humana en ambos tipos sin que se desarrollen todos los aspectos. Estar “en Adán” conduce a la muerte (“mueren”, tiempo presente), mientras que estar “en Cristo” conduce a la vida futura (“revivirán”, tiempo futuro). La solidaridad fatal en Adán conduce a la humanidad a la catástrofe, mientras que la solidaridad en Cristo conduce a la victoria de la resurrección, a la promesa del “último Adán”. El uso del término “todos” rompe la lógica del esquema, ya que “todos mueren” porque “todos” están “en Adán”, no hay forma de evitarlo; mientras que “todos” los que “están en Cristo” son los que vivirán (cf. 1 Cor 1,18; 5,13; 6,9-10). La creencia en la resurrección entre los judíos no es uniforme; Pablo aquí pareciera que espera la resurrección solamente de los creyentes, no de los no creyentes. En otros textos se alude a la resurrección de “todos”, unos para la vida y otros para la condenación (cf. Dn 12,2; Ap 20; Jn 5,29). El “tiempo” de dicha resurrección será en la “venida” de Jesús. Si bien la “venida” en el lenguaje técnico aludía a la “visita” de altas autoridades políticas, en el cristianismo se señaló contraculturalmente la futura venida inminente de Jesús (1 Tes 2,19; 3,13; 4,15; 5,23; cf. 2 Tes 2,1; como se ve fue utilizada especialmente en los primeros escritos; luego el término – no la expectativa – fue reemplazado).

Continuación, vv. 24ss.

Cuando ocurra la “venida” llegará “el fin”. Esto ocurrirá cuando Jesús entregue a Dios el Reino. Sin duda este versículo es decisivo en la incorporación del texto en la liturgia del día. Sin embargo, el “reino” no parece que deba entenderse en Pablo de modo idéntico al uso del Jesús histórico. Pablo lo utiliza de un modo bastante limitado: sólo x8. 

  • los exhortábamos y alentábamos, conjurándolos a que viviesen de una manera digna de Dios, que los ha llamado a su Reino y gloria. (1Tes 2:12)
  • que no está en la palabrería el Reino de Dios, sino en el poder. (1Cor 4:20)
  • ¿No saben acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No se engañen! (…) ni los rapaces heredarán el Reino de Dios. (1Cor 6:9-10)
  • Luego, el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad. (1Cor 15:24)
  • La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de los cielos: ni la corrupción hereda la incorrupción. (1Cor 15:50)
  • como ya les previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios. (Gal 5:21)
  • Que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo. (Rom 14:17)

Como se puede ver, en Pablo el “reino” es algo presente, pero también futuro, que se heredará. El verbo “reinar” también se encuentra pocas veces (x9, pero en muy pocos versículos):

  • con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir... (Rom 5:14)
  • En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte por un solo hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por un solo, por Jesucristo! (Rom 5:17)
  • así, lo mismo que el pecado reinó en la muerte, así también reinaría la gracia en virtud de la justicia para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor. (Rom 5:21)
  • No reine, pues, el pecado en su cuerpo mortal de modo que obedezcan a sus apetencias. (Rom 6:12)
  • ¡Ya están hartos! ¡Ya son ricos! ¡Se han hecho reyes sin nosotros! ¡Y ojalá reinasen, para que también nosotros reináramos con ustedes! (1Cor 4:8)
  • Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. (1Cor 15:25)

Esta doble dimensión presente y futura (propia también de la referencia al reino del Jesús histórico) puede entenderse también como “la vida en el espíritu” que en Pablo es presente, pero con una profunda carga escatológica. 

El esquema de esta parte parece concéntrico:

A.- después de destruir todo principado, poder y dominio (v.24)
B.- reinar... enemigos bajo sus pies (v.25)
C.- El último enemigo: la muerte (v.26)
B’.- Todas las cosas… bajo sus pies (v.27)
A’.- después de someter todas las cosas (v.28)

En la unidad hay un traspaso de reino de Cristo al Padre. El tema del “reino de Cristo” ha dado motivo a muchos debates que no es el caso desarrollar aquí. Lo cierto es que la resurrección de Cristo da comienzo a una nueva era que culminará con la resurrección de todos. En este caso se habrá vencido el último enemigo para el reino: la muerte (v.26). 

El contexto es real ya que no sólo encontramos la referencia al reino/reinar sino que la cita de los dos salmos 8 y 110, habitualmente cristológicos en el NT aluden al dominio (“bajo los pies”) con elementos propios (“enemigos” el Sal 110, “sometimiento” el Sal 8). El Salmo 8 puede entenderse como una relectura del relato de la creación, lo cierto es que la referencia a Jesús como Adán (nuevo / último) permite mostrar el reinado sobre la (nueva) humanidad. El Sal 110 alude al rey davídico reforzando el reinado con lo que se destaca que Jesús realiza y plenifica la voluntad de Dios para la humanidad.

El reinado de Cristo debe enfrentar a los enemigos: príncipes (arjê), poderes (exousía) y dominios (dynamis). Los dos primeros vuelven a encontrarse en Lucas 12,11; 20,20 aludiendo a las autoridades públicas (cf. Tit 3,1). La exousía y dynamis también se encuentran en Lucas (4,36; 9,1; 10,19) para referir al poder sobre los espíritus inmundos o demonios. No es evidente que se refiera, entonces, como sí lo parece en los escritos deuteropaulinos a figuras espirituales. Es posible que se aluda a los poderes contemporáneos (ver 1 Cor 2,6.8) que se dejan conducir (= reinar) por su rechazo al reinado de Dios. El contexto anti-imperial no debe excluirse.


+ Evangelio según san Mateo     25, 31-46

Resumen: Mateo concluye los discursos con un claro texto donde identifica lo que se realice a los insignificantes en sus necesidades es algo que se hace al mismísimo rey. 


La unidad escatológica de Mateo concluye con un conocido e importante texto. Las parábolas anteriores aludían a una “venida” (24,50; 25,10.19). El texto de hoy hace referencia a esa misma venida, señalada como del “Hijo del hombre”.

Como se sabe, hay tres tipos de dichos de Jesús que aluden al hijo del hombre: los dichos en presente (“el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”) en los que el término puede traducirse por “yo”: “yo no tengo…”; los dichos que hacen referencia a un futuro cercano (“el hijo del hombre será entregado”) que aluden a la muerte y resurrección inminente de Jesús y los dichos que aluden a un futuro indefinido (“vendrá…”). En este caso el “hijo del hombre” aparece como juez, como es insinuado en Daniel 7 y ocupa el lugar de Dios.

Las imágenes de juicio a las naciones se encuentran también en Joel 4,2; Is 66,18. La relación con Ez 14 (primera lectura) también se ha de destacar.

Los términos griegos usados no son evidentes, se suele traducir por “ovejas” y “cabritos” (próbata / erífôn) aunque otras traducciones son posibles (ovejas y carneros, por ejemplo). De todos modos, lo que cuenta en la imagen es la “separación” que hace el pastor, metáfora del juicio. Tampoco ha de entenderse que los cabritos tienen una mirada negativa en el texto. Lo mismo ha de decirse de la “derecha” y la “izquierda”, aunque en el mundo antiguo la derecha simboliza lo “recto”, mientras la izquierda alude a lo “siniestro”:

el admirable varón que estaba sentado sobre su trono juzgaba y sentenciaba a las almas, mientras los dos ángeles de la derecha y la izquierda tomaban nota: el de la derecha registraba las acciones justas, el de la izquierda consignaba los pecados” (Testamento de Abraham 12,11-12; cf. 13,9).

Después de la imagen de la separación a izquierda y derecha desaparece la imagen pastoril para comenzar el diálogo: “dirá”, “responderán”… 

La frase “benditos de mi Padre” en boca del “Rey” hace pensar que este Hijo de hombre se trata de Jesús (2,2; 21,5; 27,11.29.37.42), como la relación “rey” y “pastor” (ver Ezequiel, primera lectura) lo indica (ver “trono de gloria”, v.31). Los de la derecha recibirán este “reino” en “herencia” (v.34). De todos modos no hay que llevar la metáfora al extremo (el Hijo Rey tiene a su Padre vivo, no como ocurre en las dinastías). 

Los hechos mencionados (llamados “obras de misericordia”) son frecuentemente tenidos en cuenta en la literatura bíblica y para bíblica:

Porque exigías sin razón prendas a tus hermanos, arrancabas a los desnudos sus vestidos, no dabas agua al sediento, al hambriento le negabas el pan; (Job 22:6-7)
¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo? ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes? (Is 58:6-7)
El que es justo y practica el derecho y la justicia, no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no contamina a la mujer de su prójimo, ni se acerca a una mujer durante su impureza, no oprime a nadie, devuelve la prenda de una deuda, no comete rapiñas, da su pan al hambriento y viste al desnudo, no presta con usura ni cobra intereses, aparta su mano de la injusticia, dicta un juicio honrado entre hombre y hombre (Ez 18:5-8)
“Fui vendido como esclavo, pero el Señor me liberó. Fui llevado a la cautividad, pero su mano poderosa me ayudó. Me sentí agobiado por el hambre, pero el Señor me alimentó. Estuve solo, pero Dios me consoló; estaba enfermo, pero el Altísimo me visitó. Yacía encarcelado, pero el Salvador se apiadó de mí. Entre grilletes estaba, pero él me desató” (Testamento de José 1,5-6).

Si bien la tercera y la sexta (migrante y encarcelado) no son muy frecuentes, no deja de ser interesante que también se encuentren en Heb 13,2-3:

No se olviden de la hospitalidad; gracias a ella hospedaron algunos, sin saberlo, a ángeles. Acuérdense de los presos, como si estuvieran con ellos encarcelados, y de los maltratados, pensando que también ustedes tienen un cuerpo”.

Seguramente alude a circunstancias también de la vida de los miembros de las comunidades.

Se podría aludir a cada uno de los momentos de necesidad (necesidades básicas [1 y 2], necesidades de protección [3 y 4] y necesidad de compañía [5 y 6] pero no parece necesario. Pero la novedad no se trata solamente del hecho realizado, sino que se le realiza al mismísimo rey. Estos, llamados ahora “justos”, se sorprenden por la atribución.

La frase que da sentido a la unidad (v.40) es característica de Mateo: amên legô hymin (“en verdad les digo”, x29 mientras x12 en Marcos, y x5 en Lucas. Juan duplica el “amén”: “en verdad, en verdad…” x20). El texto ciertamente es subversivo, ya que no tiene – socialmente – repercusión lo que se haga en favor de los insignificantes (elajistôn) mientras que suele contar lo que se realiza en favor del rey. Pero este rey se sabe atendido en la necesidad en lo hecho a los últimos. El objetivo del texto es claramente contrastante. La clave – sin duda – está dada por el “a mí me lo hicieron” (o dejaron de hacerlo). 

Es evidente que el relato debería repetir cuatro veces la escena (dos – positiva y negativa – en el dicho del rey y dos – positiva y negativa – en la pregunta de los destinatarios. Para evitar la extensión el relato se va abreviando progresivamente, lo cual favorece la narración. Así se lleva a v.45 con la antítesis de lo dicho en v.40 mostrando la antítesis (la omisión de “hermanos” [y hermanas, ciertamente] en esta unidad revela que no se trata de servicio hecho a los discípulos, sino al mismísimo rey, sea quien fuere el necesitado socorrido o no. 

Hay un elemento final a tener en cuenta: en el evangelio de Mateo, es característico que el resucitado “no se va”, por el contrario “permanece” en medio de su comunidad: “yo estaré con ustedes” (28,20). Esa presencia del resucitado es la que la comunidad de Mateo está invitada a reconocer y servir. Jesús está donde “dos o tres se reúnan” (18,20), “en la predicación” (10,40-42), y – en este caso concreto – en las necesidades de los insignificantes de la sociedad. Tan presente está que reconoce como hecho a él – u omitido – cualquier cosa que se haga socorriendo sus necesidades o dejando de hacerlo. “A mí me lo hicieron”. Es algo que se realiza a la misma persona del Rey.


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