domingo, 8 de octubre de 2017

Homilía en la Misa por Santiago Maldonado

Homilía pronunciada en la Misa por Santiago Maldonado 

(7 de octubre de 2017) Bernal Oeste


Eduardo de la Serna



[Evangelio según Mateo 10,37-42]

Jesús señala una grieta, una vida que se pierde o una vida que se encuentra. Se pierde cuando busca su propia “felicidad”, cuando quiere felicitarse por la “meritocracia”, ser un gran emprendedor de cerveza artesanal… O aquel que busca la felicidad del “otro”, aun en lo pequeño, como dar un vaso de agua fresca. El Jesús de Mateo es uno que está presente entre los suyos.

Jesús señala los contrastes entre los que hacen y los que dejan de hacer algo, y toma clara partida. No “merece” ser del grupo de Jesús el que no hace suya su causa, una causa que invita a salir de “sí mismo” para mirar “al otro”. El contraste más evidente está en el “encontrar” y “perder” la vida, es perder la vida por “una causa”, no es una vida que se mira a sí misma “ombligocéntrica” sino que sale de sí hacia la causa de Jesús. Y así, el que es capaz de “perder” su vida, el que la arriesga por el proyecto de Jesús, no “pierde” la recompensa. No se trata de la actitud “suicida” de querer perderla vida, sino de encontrar, fuera de nosotros mismos, motivos por los que vale la pena arriesgarla.

Andrés Núñez, “el primer desaparecido en democracia” (1990), Santiago hizo suya su causa y repartió volantes con el rostro de Andrés. Hoy, Mirna, la esposa de Andrés, reparte volantes con el rostro de Santiago.

Alfredo Astiz, el emblema supremo del genocidio, de la barbarie y del pasado que no queremos que vuelva, aunque algunos se esfuercen, comparó llamando “terroristas”, en una guerra que no se vence porque continúa en el tiempo, a las organizaciones armadas de los 70 con el pueblo mapuche de hoy.


Una misa es una “acción de gracias” y una “memoria”, una “memoria agradecida”. Es un encuentro vivo entre el Dios que es Padre y su pueblo de hijos que son hermanas y hermanos. Es un pueblo que se niega al Alzheimer político y religioso de la vida mejor o del reconocimiento del pasado. Un pueblo que sabe que la “campaña al desierto” fue un genocidio (uno más de los miles que padecieron nuestros hermanos indígenas), un pueblo que sabe que los mapuche son los legítimos dueños de una tierra usurpada, como decía el querido Carlos Mugica: “le robaron la tierra a los indios y después hicieron el código civil”. 

La misa es memoria, es mesa compartida donde los pobres y las víctimas están en el centro. Es celebrar que para el Dios de Jesús la sangre del hermano es un clamor que él escucha. Es celebrar que en esta mesa hoy falta un hermano, y no falta porque está “paseando por Europa”, como decían de los 30.000. Hubo desaparecidos en democracia: los hubo por la aberración de la trata laboral o sexual, los hubo por las fuerzas de seguridad actuando clandestinamente, y ahora lo hay con la complicidad y el encubrimiento del Estado nacional que sólo se preocupa por saber si la desaparición de Santiago puede o no repercutir electoralmente (y la complicidad de una parte del electorado a la cual la suerte de Santiago no le importa ni le afecta). Que no se preocupe el presidente y sus ministros, no le pedimos que sea cristiano, que se haga la señal de la cruz o respete el Padre Nuestro, no hace falta que graben esta celebración, es simplemente una misa. Una misa donde le pedimos a Dios que ilumine a los que tienen la responsabilidad de impartir justicia, para que ¡de una vez por todas el Poder Judicial lo haga!, a los que tienen que comunicar la información en los Medios, para que ¡de una vez por todas comuniquen con verdad y no encubran y mientan posverdaderamente!, y que nos ilumine a nosotros para hacer nuestra la causa de Jesús; la causa de las víctimas, la causa de los indígenas, los desocupados, las víctimas de este genocidio por goteo, las víctimas de los tarifazos, las víctimas del endeudamiento que pagarán nuestros hijos y nietos. Hacemos memoria agradecida porque sabemos dónde está Dios en esta parte de la grieta. Y de este mismo lado está Santiago Maldonado. ¡Presente! ¡Ahora y siempre! 

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